2 Mendocinos en el Campeonato Mundial de Ciclismo de Montaña

Néstor Yobe y Sebastián Gómez son dos amigos que han hecho de la bicicleta su filosofía de vida. Ambos participarán del torneo master en Sudáfrica que se desarrollará desde el 23 de agosto.

Hay deportistas que saben que sus lujos valen millones de pesos (o dólares), que tienen sus piernas aseguradas de por vida y que su futuro (y el de sus hijos y, por qué no, nietos) también lo está. Sin embargo, esta historia no está centrada en esos hombres que ocupan páginas y páginas en los diarios y que su talento es el eje de especiales de programas de televisión. Todo lo contrario.

Néstor “Tibetano” Yobe (35) y Sebastián “Cabecita” Gómez (36) se enamoraron de la bicicleta y del mountain bike cuando ya eran grandes, por lo que probablemente no haya imágenes de ellos haciendo trucos con la bici (como sí hay archivos de Messi o Maradona haciendo jueguitos con una pelota de fútbol cuando eran apenas dos niños). Han transformado el espíritu y los valores del ciclismo en su filosofía de vida, que predican a diario con su familia, sus amigos y quienes los rodean.

“Todos los miércoles a las 14.30 hacemos salidas desde el Zoológico y vamos a pedalear a la zona del Dique Frías con quienes quieran prenderse. Lo que más valoramos es el feedback que tenemos con la gente, porque intentamos contagiarle el espíritu y lo hacemos por amor a la bicicleta. Es para todos, estén empezando recién o la tengan clara. No ponemos condicionamientos físicos ni de rendimiento; sólo les pedimos que lleven los elementos de seguridad”, contaron.

Junto a otro colega (Daniel Riquelme), Yobe y Gómez viajaron a Sudáfrica para participar del mundial master de XCO (Mountain bike) y los tres van por su cuenta, haciéndose cargo de todos los gastos y equipamiento para representar a Mendoza y el país, en el mundo.

“Hace un año y medio venimos ahorrando. Sacamos los pasajes en noviembre y venimos ajustando los gastos para llegar bien. Desde la propia organización se han sorprendido de la antelación con que nos hemos movido y todas las consultas que hemos hecho. Pero imaginate que si sacamos todo dos días antes nos costaba el doble. No tenemos auspiciantes. Nuestros grandes sponsors son nuestras familias que nos han acompañado y han elegido reducir sus gastos para que podamos cumplir este sueño”, contaron.

A pulmón

A diferencia de lo que ocurre con los mundiales o torneos de élite (o conocidos como profesionales), para participar de los masters no hace falta ganar una clasificación ni estar entre los mejores ubicados de un ranking específico.

“Con ser federado te alcanza. Tenés que sacar la licencia de la federación provincial, que tiene el aval de la UCIL, y eso te habilita a correr competencias”, explicó “Cabecita” Gómez.

Esta competencia se celebra todos los años y es abierta para mayores de 30 años (federados), con categorías que incluyen franjas de cinco años. Así, por ejemplo, Néstor, Sebastián y Diego van a correr en la de 35 – 40, pero no hay un límite. “La última categoría es para mayores de 70 y sin techo. Hay algunos corredores que estuvieron en élite y que, por su edad, ahora siguen en masters, pero la mayoría son tipos que empezaron a andar de grandes y no fueron profesionales, ¡como nosotros!”, indicaron a Los Andes a cinco días de viajar para Pietermaritzburg (donde será el mundial).

La mentalidad en este tipo de torneos es distinta a lo que uno puede imaginar de cualquier competencia deportiva.

“Por ahí en la categoría élite son muy cerrados y sólo importa ganar. Pero en los masters hay una mentalidad más humilde, porque es gente que tiene sus trabajos, sus familias y dedica tiempo a la bicicleta. Es una mentalidad más humilde, de amistad y responsabilidad que te permite mantenerte en el ruedo cuando te excediste para la élite, pero bajo ningún punto de vista se tiene que confundir con amateur.

De hecho, muchos de los que están en punta en los masters estarían sin problemas en el top ten de una carrera de élite”, siguió “Cabecita”, resaltando que esto no se ve en muchos deportes. “Viajamos los tres, vamos a competir en la misma categoría y no nos vemos entre nosotros como enemigos”, agregó.

Mientras que para Yobe será el cuarto mundial master, Gómez va por su primer torneo. La ansiedad y la emoción es prácticamente imposible de medir. “Tengo ansiedad como si fuera el primero, porque el espíritu se mantiene intacto. Además ahora voy a poder compartir con los muchachos, algo que no pude en los anteriores”, continuó con una sonrisa “el Tibetano”.

Ponderar a sus familias como “sus grandes sponsors” -tal como lo hizo Gómez- no es una exageración ni una decisión meramente subjetiva. Es que realmente han sido ellos quienes los han apoyado y bancado en absolutamente todo.

“Mi pareja se tomó las vacaciones ahora para poder ayudarme en todo. A gestionar las tarjetas, la asistencia médica, para llevarme al aeropuerto y otros miles de ajustes. Recién nos sentamos un rato a pensar y nos dimos cuenta de que, dentro de las inestabilidades que uno puede tener, lo que siempre mantuvimos en mente como algo fijo fue que íbamos a ir a Sudáfrica como fuera”, se sinceró Sebastián.

Un estilo de vida

El primer acercamiento de Yobe con la bicicleta fue meramente utilitario. “Necesitaba movilidad, porque estaba haciendo el pre de medicina en Luján y no tenía cómo irme. Entonces empecé a irme en bici y cuando me di cuenta ya estaba yendo hasta Cacheuta pedaleando. Llegué a pesar más de 88 kilos, fumaba y tomaba alcohol. Pero a los 21 me enganché con la bici y dejé los vicios”, recordó “el Tibetano”, quien este año empezó a dedicarse de lleno al entrenamiento y las clínicas de mountain y tiene en mente editar tres libros sobre la temática así como también abrir una clínica de alto rendimiento deportivo.

Su compañero, en tanto, contó que entre los 18 y los 22 años empezó a andar en bici de forma regular, pero que abandonó por mucho tiempo. “A los 34 retomé bien, y ahora es la época en que más en serio me lo he tomado y más disciplina he tenido”, indicó Gómez. “Cabecita” se dedica a la reparación y mantenimiento de bicicletas en su taller de O’Brien y Francisco de la Reta (San José).

La bicicleta (y el mundial, en este caso) no son más que una metáfora; la materialización de lo que ellos intentan predicar en su día a día. “Nosotros queremos volcar todo lo que hemos aprendido con nuestra experiencia y que todos sientan que pueden hacerlo. Si nosotros podemos, cualquiera puede”, aclararon.

El no haber encontrado a nadie que los ayudara o asesorara cuando ellos estaban empezando a dar sus primeras pedaleadas, también tiene mucho que ver en su mentalidad. “No queremos que se transmita desde lo competitivo sino que ésa sea la excusa para compartir el espíritu. Queremos que a la gente se le vaya el miedo a lo difícil. Buscamos servir como orientación para los que están arrancando, de mucha o poca edad porque es una filosofía de vida la de optimizar tu día a día con los recursos que tenés”, sintetizaron.

“Por la bicicleta yo conocí a mi esposa. Ella es la prima de uno de los chicos con los que salíamos a andar”, siguió “El Tibetano”.

Para el final, los ciclistas dejaron en claro que, pese a la dificultad de conseguir y encontrar apoyo económico, no están solos. “Por ahí no conseguimos a nadie ni nada que nos sponsoree, pero sí tenemos el apoyo de la gente con la que salimos a andar, que conocemos ahí. Gente que te ofrece prestarte la valija para viajar y hasta llevarte al aeropuerto”, sentenciaron.

Fuente: Diario Los Andes

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